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El golpe de Estado blando

Por Ricardo Monreal Avila

*(Extraordinario comentario del líder de Morena en la Cámara de Diputados, respecto a acontecimientos en varios países latinoamericanos donde se han registrado y se registran movimientos sociales con estrategias similares a las que actualmente vemos en nuestro México para hacerse del Poder Público)

*El “golpe blando” cambia de actores y escenarios, ya no se acude como ha sido en algunos países de Latinoamérica, a Generales golpistas que sacan las tanquetas a las calles para tirar las puertas de un Palacio de Gobierno, sino a legisladores o Ministros golpistas*Ya no se apela a las balas de los militares, en su lugar, se fabrican múltiples titulares de medios politizados* El derrocamiento o destitución se gesta mediante un Decreto parlamentario o una sentencia judicial “legítima”

Global Press Mx / El movimiento visto en las últimas semanas para llevar a la calle a las y los jóvenes mexicanos nacidos entre 1997 y 2012 (la llamada Generación Z) a protestar por la “situación de inseguridad, violencia y corrupción” que se vive de diversas formas en el país ha fracasado hasta el momento.

Fue de menos a más, en términos cuantitativos, y evidencia el coctel de intereses económicos y políticos que lo alientan desde diversos frentes, pero con una clara tendencia ideológica y doctrinaria identificada desde el siglo XVIII con la llamada” derecha partidaria” y la “ultraderecha política”, que postulan valores universales como la paz, la libertad, la democracia, y el amor a la Patria y la familia, pero con prácticas poco pacíficas, entre ellas, el denominado “Golpe de Estado blando o Lawfare”, que busca evadir el camino de las urnas electorales para acudir a la agitación, desestabilización y subversión, a fin de hacerse con el poder público.

La expresión se atribuye al politólogo estadounidense Gene Sharp, quien hace 40 años desarrolló un Manual para llevar a la práctica este tipo de incursión pública ante el desprestigio en el que habían caído los golpes de Estado militarizados. En el ensayo titulado “De la dictadura a la democracia”, considera que un “golpe suave” puede ejecutarse en cinco etapas:

Primera: promover acciones no violentas para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad, destacando entre ellas denuncias de corrupción, promoción de intrigas o divulgación de rumores falsos.

Segunda: desarrollar intensas campañas en “defensa de la libertad de Prensa y de los derechos humanos”, acompañadas de acusaciones de totalitarismo contra el gobierno en el poder.

Tercera: lucha activa por reivindicaciones políticas y sociales y en la manipulación del colectivo para que emprenda manifestaciones y protestas violentas, amenazando a las instituciones.

Cuarta: operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad”.

Quinta: forzar la renuncia de la Presidenta o del Presidente en turno, mediante revueltas callejeras. De manera paralela, se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.

Estas cinco etapas se desdoblan en 198 métodos o prácticas, para obtener en forma escalonada o gradual el debilitamiento de un gobierno “que al llegar por la vía electoral, legal y pacífica no puede derrocarse por métodos de fuerza armada militar, sino a través de las mismas instituciones y leyes en que se sustenta, para que tenga legitimidad su remoción o renuncia”.

Con base en lo anterior y, en términos generales, el “Golpe de Estado blando” consiste en una estrategia para desestabilizar un gobierno sin uso directo de la fuerza militar, mediante manipulación mediática, presión económica, protestas callejeras financiadas y operaciones psicológicas. Un ejemplo clásico son los trágicos eventos de Chile en 1973 (antes del golpe militar) o el caso de Bolivia (2019), con la renuncia de Evo Morales, presidente electo democráticamente.

El Lawfare, por su parte, puede tener una connotación, principalmente, de guerra jurídica, mediante el uso estratégico del sistema legal para perseguir objetivos políticos: criminalizar opositores, desprestigiar líderes y obstruir políticas a través de procesos judiciales abusivos.

Asimismo, el concepto Lawfare se usa para describir tácticas en conflictos asimétricos, según lo manifestado por Charles Dunlap, mientras que golpe blando cobró especial resonancia durante algunas revueltas modernas, como la Primavera Árabe.

Las principales evidencias de la implementación del “golpe blando” incluyen manipulación mediática (campañas de desprestigio masivas); protestas callejeras (que de continuo son financiadas externamente, a través de organizaciones no gubernamentales o de otro tipo); presión económica (fuga de capitales, desabastecimiento), y operaciones psicológicas (uso de redes sociales para crear entornos de polarización).

En el caso del Lawfare, sus principales manifestaciones pueden ser la judicialización de la política, mediante investigaciones infundadas con cobertura mediática (como en el caso del presidente brasileño Lula da Silva, en la operación Lava Jato); colusión entre Jueces y Medios (filtraciones selectivas para condena pública), o instrumentalización de organismos anticorrupción (uso de leyes ad hoc) para persecución selectiva.

Hay múltiples eventos en el entorno latinoamericano que dan cuenta de lo anterior. Recuérdese el caso de la destitución de Dilma Rousseff (2016) y el consecuente ascenso de Bolsonaro en Brasil; la destitución de Rafael Correa (2005) en Ecuador, o la serie de causas judiciales contra Cristina Fernández en Argentina.

Al respecto, han surgido algunas respuestas y críticas por parte de organismos internacionales. La ONU planteó algunas alertas sobre la “politización de la justicia” (Informe 2019), y la CELAC hizo un rechazo a las sanciones externas mediante Lawfare. Por su parte, académicos y políticos relevantes en la escena latinoamericana también se han pronunciado; por ejemplo, Noam Chomsky denunció la “fabricación del consentimiento” para “golpes suaves”, y Rafael Correa sostuvo que “El Lawfare es el fascismo del siglo XXI”.

Este es el quid del golpe de Estado blando o del Lawfare, que no acude a la fuerza militar descarnada y descarada, sino al “guante blanco” de las instituciones políticas vigentes, para derrocar o destituir a un Ejecutivo electo.

De esta manera, el “golpe blando” cambia de actores y escenarios: ya no se acude a Generales golpistas que sacan las tanquetas a las calles para tirar las puertas de un Palacio de Gobierno, sino a legisladores o Ministros golpistas; ya no se apela a las balas de los militares, en su lugar, se fabrican múltiples titulares de medios politizados. El derrocamiento o destitución se gesta mediante un Decreto parlamentario o una sentencia judicial “legítima”.

Cualquier parecido con lo que ha sucedido o está sucediendo en varios países de Latinoamérica y lo que algunos quisieran ver en México es mera coincidencia…

ricardomonreala@yahoo.com.mx

X: @RicardoMonrealA