Avance
Por Ricardo Monreal Avila
Global Press Mx / Durante años, el debate sobre las drogas entre México y Estados Unidos (EE. UU.) se movió en una lógica que iba, por un lado, hacia la exigencia de frenar el tráfico, y, por el otro, a un silencio casi absoluto sobre el motor que lo alimenta.
Por ello, es un gran avance que Washington haya reconocido abiertamente que el consumo interno en su territorio constituye un enorme problema de salud pública. Esto es, viéndolo con cuidado, un interesante cambio de narrativa.
Ya la presidenta Claudia Sheinbaum lo señaló con claridad: lo relevante, además del diagnóstico, es aquello que implica, pues aceptar que millones de personas en EE. UU. consumen drogas —y que decenas de millones enfrentan efectos por ello— obliga a replantear la estrategia.
Durante décadas, el enfoque punitivo se presentó como la única vía de aquel lado de la frontera. Hoy, incluso desde el país que más promovió esa perspectiva, se admite que no fue suficiente. Dicho reconocimiento abre una puerta distinta.
Cuando se habla de atender las causas, de invertir en prevención, de intervenir en escuelas y sistemas de salud, la visión cambia, toda vez que, a la par de perseguir cadenas de suministro, se busca reducir la demanda que las sostiene.
En ese sentido, México ha insistido en algo elemental, que es la corresponsabilidad. Mientras haya consumo, habrá incentivos para la producción y el tráfico. Por eso, el combate al Fentanilo —y a otras sustancias— no puede recaer solo de este lado de la frontera.
Igualmente, la Presidenta Sheinbaum defendió lo que se está haciendo en nuestro país. La destrucción de laboratorios, los decomisos y el debilitamiento de estructuras criminales no son acciones menores. Pero, además, México ha apostado por la prevención, un aspecto que fue relegado durante mucho tiempo.
Las campañas integrales contra las adicciones, impulsadas desde el Estado, parten de una lógica distinta. No criminalizan a la persona que consume; la entienden. Hablan de salud, de comunidad, de oportunidades. Además, buscan intervenir antes de que el problema escale. Y aunque los retos siguen siendo enormes, los datos comparativos muestran una diferencia clara en los niveles de consumo entre ambos países. Eso también dice algo sobre el rumbo elegido.
Con todo esto, estamos viendo un momento de ajuste. Quizá no sea una solución definitiva, pero sí un paso para la reconfiguración del entendimiento. EE. UU. empieza a mirar hacia adentro, y México reafirma una postura que ha sostenido por años.
En ese cruce hay una oportunidad. Aprovecharla dependerá de que se mantenga la cooperación sin subordinación, el respeto mutuo y una lectura conjunta del problema, porque se trata de un desafío que no reconoce fronteras, el cual solo se puede aspirar a contener mediante la responsabilidad compartida.
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